dimarts, de novembre 06, 2012

Compartint Parer.




"En las reuniones soy el que de entrada nunca sonríe, y eso se considera una rareza.
Supongo que la sonrisa está catalogada como un gesto formulario de acogida, pero me resulta imposible.
Sonrío cundo algo me choca o me parece divertido. Entonces, sí: entonces los músculos de la cara se ponen en funcionamiento de forma automática y nace la sonrisa. Pero, si no hay algo que de forma natural te la provoque, me parece un fingimiento. En camnio, veo que lo normal, cuando la gente se encuentra, es sonreir ya de entrada. Y, luego, seguir sonriendo. El caso más espectaculares el de las personas que, más allá de sonreir, ríen,Y por algo que ellas mismas han dicho! Dicen, por ejemplo: 'La autopista estaba llena de coches. Menudas colas había en el peaje!' Y se echan  a reír con grandes carcajadas. Qué es lo que resulta tan graciosos? Las colas en el peaje? O consideran que su forma de explicarlo ha sido tan ingeniosa que ni ellas pueden evitar troncharse? Pero es que lo hacen con cada frase...No dicen ni una que no les provoque hilaridad. Y cuando ven que las observas con cara estupefacta, te miran con recelo. Deben pensar: qué tipo tan desaborido, no le hace gracia nada de lo que digo."

Començament de l'article: La risa del conejo, d'en Quim Monzó.